La Universidad Estatal de Washington anunció este 7 de octubre un financiamiento de la National Science Foundation para investigar cómo se forman concentraciones aprovechables de tierras raras. El trabajo, encabezado por la geóloga Erin Benson, toma como caso central a Mountain Pass, en el desierto de Mojave, California. Busca reconocer las condiciones que transformaron un sistema geológico en uno de los principales yacimientos de estos elementos.
La investigación se concentra en las carbonatitas y en la composición de los fluidos que intervienen durante su evolución. La meta anunciada es desarrollar un modelo que ayude a distinguir áreas con potencial de aquellas donde las alteraciones de la roca no reúnen las características buscadas. La universidad presenta esa herramienta como una posible forma de reducir tiempo y recursos de exploración. No comunicó el descubrimiento de otro yacimiento, nuevas reservas ni una ampliación productiva de la mina.
Mountain Pass es una operación de extracción y procesamiento de MP Materials, situada en el condado de San Bernardino. La empresa identifica esa instalación como parte de su segmento de materiales, que produce compuestos refinados y concentrados de tierras raras. La investigación académica aborda el origen del depósito; es una etapa de generación de conocimiento distinta de las decisiones comerciales, los permisos y la construcción de nuevas instalaciones.
Las carbonatitas se diferencian de la mayoría de las rocas ígneas por el predominio de minerales carbonatados. Una investigación del Servicio Geológico de Estados Unidos, publicada en American Mineralogist, describe que algunos de esos minerales pueden incorporar cantidades importantes de tierras raras livianas, entre ellas lantano, cerio, praseodimio y neodimio. En Mountain Pass tiene especial relevancia la bastnasita, un mineral portador de esos elementos. La composición de cada fase mineral importa tanto como su presencia en el conjunto de la roca.
Ese estudio combinó datos químicos de muestras completas con observaciones a escala microscópica mediante microscopía electrónica, microsonda y espectroscopía Raman. Encontró diferencias entre los minerales que alojan las tierras raras: la bastnasita presenta mayor proporción relativa de lantano y cerio, mientras otras especies ricas en calcio contienen una proporción mayor de elementos más pesados que el praseodimio. Es un antecedente que explica por qué una evaluación precisa requiere mirar dentro de los minerales, además de cartografiar el terreno.
Benson ya participó en trabajos del USGS sobre la evolución del mismo depósito. Un estudio registrado en septiembre de 2025 examinó isótopos de carbono y oxígeno, composición química y relaciones entre minerales para separar distintas generaciones de carbonatos. Su análisis vinculó algunas texturas secundarias y señales isotópicas con la mineralización. Los autores interpretaron que la circulación de fluidos tuvo un papel importante en la concentración y el enriquecimiento de las tierras raras.
Otro artículo, publicado en marzo de 2026 en Mineralium Deposita, abordó el azufre. El equipo describió una roca con más de 50% de minerales carbonatados y entre 20% y 30% de sulfatos en volumen, y analizó isótopos y química mineral para investigar ese enriquecimiento. Ambos trabajos son antecedentes publicados, no resultados del financiamiento anunciado ahora. Ayudan a situar la nueva pregunta dentro de una línea de investigación que todavía busca precisar cómo interactuaron magma, minerales y fluidos.
Benson integra la Escuela de Ambiente y el Institute for Northwest Energy Futures de la universidad. Su especialidad combina datos geoquímicos, isotópicos, edades y relaciones petrográficas para estudiar depósitos minerales. Según el anuncio, una etapa posterior buscará probar el modelo en otras localidades con carbonatitas. Su utilidad dependerá de esa contrastación: reconocer una señal geológica favorable puede orientar la búsqueda, pero por sí solo no establece la viabilidad técnica, ambiental o económica de una explotación.




