El Senasa informó este viernes que una supervisión de las medidas contra el picudo rojo en la isla Martín García no encontró nuevos ejemplares del insecto en los sectores inspeccionados. El resultado corresponde a la revisión visual de tocones y de los lugares utilizados para tratar y eliminar residuos de palmeras. No implica que la plaga haya sido erradicada ni pone fin al plan de contingencia.
El balance difundido el 23 de octubre incluye otro dato sobre la magnitud del trabajo: los guardaparques indicaron que desde abril fueron retiradas más de 30 palmeras del género Phoenix. La intervención se desarrolla después de la detección del insecto en la isla bonaerense y dentro del esquema de prevención, vigilancia y control aprobado por el organismo sanitario.
Durante la recorrida también se examinó una palmera joven ubicada en una propiedad privada. Presentaba síntomas compatibles con el daño que puede producir el picudo, pero la evaluación no encontró al insecto. El organismo informó que se prevé retirarla de manera inmediata como medida preventiva. Se trata, por lo tanto, de una sospecha atendida y no de un nuevo foco confirmado.
La supervisión se concentró en cómo se manipula el material vegetal extraído. Los técnicos verificaron la remoción de secciones de los troncos afectados y el acondicionamiento de recipientes para aplicar productos fitosanitarios. También observaron el traslado del follaje hacia un sector de quema alejado del área poblada y la disposición posterior de los restos tratados.
Según el procedimiento descripto por el Senasa, ese material se entierra en un piletón específico una vez cumplido el período de espera indicado por el producto utilizado. La secuencia forma parte de las medidas de control sobre los residuos y no constituye una recomendación para que particulares quemen o traten palmeras por su cuenta.
En la actividad participaron equipos de la Dirección Nacional de Protección Vegetal y del Centro Regional Metropolitano del Senasa, en coordinación técnica con la provincia de Buenos Aires. El trabajo incluyó la comprobación de las acciones locales y el seguimiento del plan de contingencia establecido por la Resolución 133/2026 y sus modificaciones.
El picudo rojo, cuyo nombre científico es Rhynchophorus ferrugineus, es un escarabajo exótico que se alimenta y desarrolla parte de su ciclo dentro de las palmeras. Esa característica dificulta su detección temprana: el daño puede avanzar antes de que los signos externos sean evidentes. Por eso una inspección sin hallazgos no reemplaza el monitoreo sostenido de los ejemplares y de los sectores intervenidos.
La Administración de Parques Nacionales identifica entre los signos de advertencia el marchitamiento de la hoja central, el amarilleo de hojas de la corona, la aparición de líquido viscoso con olor desagradable, capullos fibrosos y aserrín húmedo en la inserción de las hojas. En etapas más avanzadas puede observarse inclinación de la copa y desprendimiento de hojas. Esos indicios requieren una evaluación, no permiten por sí solos confirmar la especie que los causa.
La normativa vigente obliga a notificar de inmediato al Senasa la presencia de insectos compatibles o daños sospechosos y prohíbe trasladar ejemplares sospechosos del picudo, vivos o muertos. El aviso puede realizarse ante la oficina del organismo más cercana o por sus canales oficiales. La emergencia fitosanitaria abarca Buenos Aires y Entre Ríos y se extiende hasta el 30 de junio de 2028, según el texto actualizado de la resolución. La novedad comunicada este viernes es el resultado de la supervisión en Martín García, no una nueva declaración de emergencia.




