La NASA difundió este martes 13 de octubre una nueva observación satelital del cráter Spider, una estructura de impacto de Australia Occidental cuyo centro recuerda la forma de una araña. El registro fue obtenido por el instrumento OLI del satélite Landsat 9 el 20 de septiembre. Permite reconocer las crestas que sobrevivieron a un prolongado proceso de erosión en la región de Kimberley, donde las rocas conservan señales de una colisión muy anterior a la aparición de los seres humanos.

El conjunto tiene una forma ovalada de aproximadamente 13 kilómetros de largo por 11 de ancho. La figura central, que dio nombre al lugar, ocupa unos cuatro kilómetros. Esas dos medidas describen partes diferentes de la estructura: el área que se distingue como una araña es menor que el espacio total afectado por el impacto y modificado después por la erosión.

Las franjas claras que se extienden desde el centro son crestas de arenisca. Según la explicación de Earth Observatory, esas rocas resistieron mientras otras capas del terreno desaparecían. Los geólogos interpretan el centro como el resto de una elevación formada durante el rebote del suelo después del golpe inicial. Así, el relieve actual combina las consecuencias de un episodio breve y violento con transformaciones que continuaron durante cientos de millones de años.

Un impacto de gran energía no deja solamente una depresión. El Lunar and Planetary Institute explica que la onda de choque fractura las rocas y abre una cavidad; parte del material sale despedido y otra parte puede volver hacia el interior. En estructuras grandes, el terreno situado debajo también puede elevarse. Ese proceso ayuda a entender por qué algunos cráteres conservan un pico o un relieve central, en lugar de tener un fondo uniforme.

El origen de Spider fue discutido durante décadas después de su identificación. Una de las interpretaciones propuso una historia volcánica. La evidencia decisiva apareció en el trabajo de campo: los investigadores encontraron fracturas con forma de abanico, conocidas como conos de fractura por choque. Esas marcas se producen cuando ondas de presión muy intensas atraviesan la roca y son abundantes en el domo central de esta estructura.

Los estudios posteriores también examinaron cristales de cuarzo y circón afectados por el choque dentro de la arenisca. Esos minerales permiten estudiar cómo se transmitió la presión y reconstruir características de la colisión, incluido el ángulo con que llegó el objeto. La investigación del terreno y el análisis de muestras aportan información que una vista desde la órbita, por sí sola, no puede resolver.

La fecha exacta del episodio sigue siendo incierta. Las estimaciones basadas en las rocas de la zona lo ubican entre unos 900 y 600 millones de años atrás, en el Precámbrico tardío. El intervalo es amplio: no corresponde asignarle una antigüedad puntual ni confundir la fecha del registro de Landsat con el momento en que se formó el cráter.

La erosión es una de las razones por las que reconocer impactos antiguos en la Tierra resulta difícil. A diferencia de la Luna, nuestro planeta tiene agua, atmósfera y actividad tectónica que transforman su superficie. El instituto lunar señala que esos procesos pueden borrar o cubrir las huellas de colisiones y que la forma visible de una estructura cambia a medida que envejece.

En Spider, el paisaje todavía ofrece indicios que conectan distintas escalas de observación: la extensión del relieve vista desde el espacio, las fracturas reconocidas en el terreno y las alteraciones microscópicas de los minerales. La nueva difusión pone esas evidencias al alcance del público, mientras la antigüedad precisa y los detalles del impacto siguen siendo cuestiones de investigación.