La Unión Europea y China abrirán este jueves 8 de octubre en Beijing una nueva ronda de conversaciones sobre comercio e inversiones. El encuentro, previsto para dos días, pondrá a prueba el trabajo técnico iniciado en junio y tendrá tres ejes principales para Bruselas: el desequilibrio del intercambio, el acceso de las empresas europeas al mercado chino y las condiciones de suministro de materias primas críticas.
El comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maroš Šefčovič, confirmó durante septiembre que viajaría los días 8 y 9 para la segunda reunión del mecanismo bilateral. Su interlocutor es el ministro de Comercio chino, Wang Wentao. Ambos mantuvieron una videoconferencia preparatoria el 17 de septiembre para revisar los avances de los equipos. Al cierre de esta edición, las reuniones de octubre todavía no habían comenzado y no había un acuerdo anunciado como resultado de esa ronda.
La magnitud del intercambio ayuda a entender el peso de la negociación. Según Eurostat, durante 2025 la Unión Europea vendió bienes a China por 199.600 millones de euros y compró por 559.400 millones. La diferencia dejó un déficit europeo de 359.800 millones de euros. Son datos anuales de comercio de mercancías: no incluyen por sí solos todas las transacciones de servicios, inversiones y otras operaciones que integran la relación económica.
El desequilibrio aumentó en un contexto de trayectorias opuestas. Frente a 2024, las exportaciones europeas de bienes hacia China bajaron 6,5%, mientras las importaciones crecieron 6,4%. En los productos que Europa vende al mercado chino sobresalen las máquinas y sus componentes, los equipos eléctricos y los vehículos. En las compras europeas predominan también los equipos eléctricos y la maquinaria. Por eso, la discusión atraviesa cadenas industriales concretas y no se limita a un saldo contable general.
El canal de trabajo se organizó el 29 de junio, cuando las partes lanzaron consultas estructuradas en cuatro áreas: equilibrio del comercio y la inversión, controles de exportación, propiedad intelectual y reforma de la Organización Mundial del Comercio. En esa primera etapa se acordó desarrollar un mecanismo conjunto para observar los flujos comerciales. El propósito declarado fue disponer de información compartida que permitiera reconocer desajustes y tratarlos dentro del diálogo bilateral.
Las tierras raras y los imanes permanentes ocupan un lugar específico. En junio, Šefčovič informó que su contraparte había dado garantías de que los controles de exportación existentes no interrumpirían las cadenas de suministro de la Unión Europea. Al mismo tiempo, el funcionario propuso facilitar el procedimiento de licencias para las empresas del bloque. La nueva ronda deberá permitir evaluar el avance de ese trabajo; aquellas declaraciones previas no equivalen a una eliminación de los controles ni a un compromiso adicional ya cerrado.
En su intervención pública del 22 de septiembre, el comisario planteó que el problema excede el balance comercial por su incidencia sobre sectores industriales y el empleo europeo. También señaló que dedicaría una parte importante de las conversaciones a mejorar las posibilidades de venta de las empresas europeas en China. Es la posición negociadora expuesta por Bruselas, no una descripción de concesiones que Beijing haya aceptado.
La cita llega después de varios meses de preparación y de un calendario que la propia Comisión había orientado a obtener avances concretos durante octubre. El resultado deberá medirse por los compromisos efectivamente comunicados, sus condiciones y su aplicación. Hasta entonces, lo confirmado es la agenda de conversaciones: un intento de encauzar diferencias comerciales importantes mediante el mecanismo bilateral, con el abastecimiento industrial y el acceso a los mercados en el centro del intercambio.




