La consistencia de los pequeños agregados que descienden por el océano puede cambiar su capacidad de transportar carbono a las profundidades. Un estudio de investigadores de Scripps, de la Universidad de California en San Diego, y de la Universidad de Lincoln encontró que la nieve marina más viscosa resiste durante más tiempo la degradación bacteriana. Sus estimaciones indican que esas partículas pueden llevar más de seis veces el carbono que transportan otras menos viscosas.
El trabajo fue publicado el 8 de octubre en Science y difundido por Scripps al día siguiente. La conclusión combina experimentos de laboratorio con simulaciones informáticas: aporta una variable física para entender el recorrido del carbono, sin establecer que todos los agregados del océano se comporten de una misma manera.
Los investigadores observaron que las bacterias acceden con mayor facilidad a las zonas menos viscosas, cercanas a la superficie de cada partícula. Los sectores interiores más densos resultan más difíciles de alcanzar y descomponer. Esa diferencia puede prolongar la integridad del agregado mientras se hunde. El comunicado institucional presenta el resultado como una contribución al estudio de la bomba biológica de carbono.
La nieve marina es una lluvia continua de restos que cae desde las capas superiores del agua. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, explica que está formada por materia de origen vegetal y animal, desechos y componentes inorgánicos. El nombre describe su aspecto: a simple vista, los fragmentos se parecen a pequeños copos suspendidos en el agua.
Durante el descenso, algunos agregados aumentan de tamaño y otros tardan semanas en alcanzar el fondo. Ese recorrido también los convierte en alimento para organismos que viven en zonas sin luz. Muchos animales de profundidad filtran las partículas o las recuperan del lecho marino. El material que sobrevive a ese consumo se incorpora a los sedimentos, donde continúa la actividad biológica. El viaje del carbono depende, por lo tanto, de transformaciones que ocurren a lo largo de toda la columna de agua.
Para mirar el interior de estos materiales, el equipo desarrolló un método de microscopía confocal con moléculas fluorescentes sensibles a la viscosidad. La técnica está descripta en un artículo complementario de Nature Communications. Su ventaja es que permite representar en tres dimensiones el material y ubicar las bacterias asociadas, sin tener que secar o aplanar la muestra para observarla.
El trabajo metodológico examinó agregados producidos por distintos tipos de diatomeas, algas microscópicas. Encontró estructuras compactas en algunos casos y otras más discontinuas, con diferentes patrones de colonización bacteriana. La sustancia que parece uniforme a simple vista contiene, así, espacios físicos muy distintos a una escala diminuta.
Los autores también señalaron límites importantes. La relación observada entre viscosidad y distribución de bacterias no excluye la participación de otros factores, como la movilidad de los microorganismos o las propiedades elásticas del material. Además, la medición microscópica obtenida con los colorantes no representa exactamente el mismo parámetro que entrega un instrumento convencional para medir el flujo de un líquido.
El estudio de Science, firmado por Bryce G. Inman, Stuart Humphries y Farooq Azam, se incorpora a una pregunta central de la oceanografía: qué procesos permiten que parte del carbono superficial alcance mayores profundidades. El nuevo resultado pone la atención en la estructura de los agregados y aporta una herramienta para seguir investigando sus diferencias, con resultados que deberán interpretarse junto con las condiciones de cada ambiente.




