El hielo marino que rodea la Antártida alcanzó en 2026 un máximo estimado de 17,59 millones de kilómetros cuadrados, el tercero más bajo del registro satelital. La NASA difundió ese resultado este lunes 12 de octubre en una nueva publicación que repasa su seguimiento de largo plazo. La mayor extensión de la temporada se ubicó el 14 de septiembre: la fecha del informe es posterior a la medición y corresponde a la actualización de la serie que observa los cambios de la superficie terrestre.

El Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos, conocido como NSIDC, había comunicado esa estimación el 23 de septiembre. Entonces advirtió que todavía debía comprobarse si el máximo se mantenía, porque alrededor del final de la temporada de crecimiento pueden producirse oscilaciones importantes. El reporte de octubre de Earth Observatory conserva los 17,59 millones de kilómetros cuadrados y su posición entre los máximos más bajos. No describe una pérdida ocurrida en un solo día, sino el alcance de la cobertura al terminar el invierno austral.

Para interpretar la cifra hay que distinguir extensión de volumen. Los especialistas cuentan como cubiertas las zonas donde el hielo ocupa al menos el 15% de la superficie observada. Al sumar esas áreas obtienen la extensión de hielo marino. Ese indicador permite comparar temporadas, pero no informa por sí solo cuánto espesor tiene el hielo ni cuál es su volumen total. Una región puede incluir bloques compactos, placas separadas y espacios de agua abierta sin que toda su superficie esté congelada de manera continua.

El ciclo anual responde a la geografía y a las estaciones. La Antártida es un continente rodeado por océano, de modo que el hielo marino dispone de espacio para expandirse durante los meses fríos. Parte de esa cobertura llega a latitudes relativamente más cálidas y retrocede cuando avanza el verano. Habitualmente alcanza su mayor extensión en septiembre y su menor nivel en febrero. Se forma a partir de agua de mar congelada y debe diferenciarse del hielo continental, que se acumula sobre tierra, y de las plataformas que se prolongan desde la costa.

La trayectoria austral tampoco ha sido uniforme. Entre 1979 y 2014, la extensión del hielo marino antártico aumentó aproximadamente 1% por década. Entre 2012 y 2014 se registraron tres máximos invernales récord consecutivos. Esa expansión se interrumpió en 2015 y desde 2016 comenzaron a observarse disminuciones importantes. Hubo repuntes en algunas temporadas, pero la cobertura permaneció en general por debajo de los valores habituales. En 2023 se produjeron tanto el mínimo estival como el máximo invernal más reducidos de la serie.

La comparación depende de observaciones sostenidas durante décadas. Los sensores de microondas pasivas detectan diferencias entre la energía que emiten naturalmente el hielo y el agua abierta. Como esas señales atraviesan las nubes, permiten realizar mediciones regulares aun cuando las condiciones meteorológicas dificultan la observación visual. La serie comenzó a fines de 1978 con Nimbus-7, continuó con satélites meteorológicos estadounidenses e incluyó datos de Aqua. En 2025 se incorporó al seguimiento el uso de observaciones del satélite japonés GCOM-W.

La cobertura marina influye en procesos que van más allá de su superficie. El hielo refleja más radiación solar que el agua oscura y modifica los intercambios de calor entre océano y atmósfera. Su formación y derretimiento también intervienen en la salinidad, la circulación del agua y la disponibilidad de nutrientes para los ecosistemas. Por eso, observar su evolución permite estudiar distintas conexiones del sistema polar, además de establecer un orden de los años con mayor o menor extensión.

El resultado de 2026 suma otra temporada de cobertura invernal reducida, pero los investigadores mantienen la necesidad de analizar la variabilidad antártica con series prolongadas. Un máximo anual no permite atribuir por sí solo todas sus causas ni anticipar el comportamiento del verano siguiente. El seguimiento continuará para distinguir las oscilaciones de corto plazo de cambios persistentes y para evaluar cómo evolucionan, en conjunto, la extensión, la concentración y otras características del hielo.