La Bolsa de Cereales de Buenos Aires dio por terminada la cosecha nacional de maíz 2025/26 con una producción estimada en 64 millones de toneladas. Su informe del 1 de octubre, basado en el relevamiento al 30 de septiembre, ubicó el resultado 8,5 millones de toneladas por encima del máximo de 2018/19.
La diferencia frente al récord anterior equivale a aproximadamente un 15,3%, calculado sobre los 55,5 millones de toneladas de 2018/19. La comparación mide volumen físico, sin expresar el valor comercial de la cosecha.
El cierre es técnico: permanecían lotes pendientes en el centro y sur bonaerense, sin incidencia prevista sobre el volumen calculado. En paralelo, la siembra 2026/27 alcanzaba el 22,2% de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas, tras avanzar 5,1 puntos porcentuales en una semana.
Los indicadores describen dos momentos distintos del trabajo agrícola. El balance de producción corresponde al ciclo que concluye; el porcentaje de implantación mide el comienzo del siguiente. En su explicación metodológica, la Bolsa señala que el Panorama Agrícola Semanal sigue siembras, cosechas y rendimientos en quince regiones. La institución también elabora informes de precampaña y de cierre, con funciones diferentes: los primeros estiman superficie antes de sembrar; los últimos recopilan la evolución del cultivo e incorporan una evaluación del impacto económico sobre su cadena. Sus reportes son gratuitos y se publican semanalmente. El seguimiento permite diferenciar ajustes de superficie, cambios en los rindes y revisiones del volumen estimado a lo largo de cada campaña.
Para la campaña que comienza, una investigación del INTA San Luis aporta información sobre una de las decisiones de manejo: cuántas plantas establecer por superficie. El organismo difundió el 1 de octubre los resultados de un ensayo en secano realizado en Villa Mercedes con ocho híbridos comerciales. Comparó densidades de 8,5 y 5 plantas por metro cuadrado. Los promedios obtenidos fueron de 7.408 y 5.825 kilogramos por hectárea, respectivamente, una diferencia cercana al 27%. Se trata de un experimento local, no de una explicación del récord nacional.
El investigador Maximiliano Riglos vinculó la respuesta a un mayor número de granos, que compensó la reducción del peso individual. Las condiciones durante la floración fueron especialmente favorables: después de un inicio con restricciones hídricas, se acumularon más de 200 milímetros entre febrero y marzo. El INTA advirtió que aumentar la densidad exige más agua y puede resultar contraproducente en ambientes secos. Además, el lote tenía cinco años previos de alfalfa, un antecedente relevante para su estructura. Por eso, los resultados deben leerse junto con la humedad disponible y las características de cada campo.
La conservación del grano ya cosechado plantea otra tarea. En un documento difundido también el 1 de octubre, especialistas del INTA Balcarce recomendaron preparar los sectores de silobolsas para sostener el drenaje y el acceso durante períodos húmedos. El planteo abarca reconocer por dónde escurre el agua, corregir depresiones y retirar elementos que puedan perforar el plástico. El objetivo es que una bolsa pueda inspeccionarse, repararse o vaciarse aun después de varios días de lluvia.
El especialista en poscosecha Leandro Cardoso indicó que conviene dejar al menos un metro entre bolsas y entre sus extremos, con los cierres visibles y accesibles. También recomendó registrar la ubicación, el cultivo, la fecha de embolsado, la humedad de ingreso y las reparaciones de cada unidad. El seguimiento puede combinar revisión del plástico, muestreo del grano y mediciones de dióxido de carbono cuando corresponda. Esas medidas buscan preservar la calidad almacenada y mantener la posibilidad de intervenir a tiempo.




