El Zonda de agosto y la salida del reposo invernal ayudan a explicar por qué las heladas de septiembre encontraron a parte de los cultivos sanjuaninos en un momento vulnerable. El ingeniero agrónomo Cristian Albors, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Juan, vinculó esos factores en una explicación difundida este martes 6 de octubre por Info U, a partir de una entrevista en Xama U. Su análisis distingue qué ocurrió con las variedades de brotación temprana y qué decisiones pueden reducir la exposición de una finca.
La clave está en el estado de desarrollo de la planta cuando llega el frío. Albors explicó que un trabajo de las cátedras de Viticultura y Climatología Agrícola, con participación de la doctora Beatriz Pugliese, permitió observar que se habían completado las horas de frío requeridas por muchas variedades. Una vez satisfecha esa señal del invierno, otros factores pueden estimular la brotación. En las condiciones de este año, los vientos Zonda registrados durante agosto favorecieron un inicio anticipado del proceso.
Eso no significa que todas las producciones hayan respondido de la misma manera. En la vid, el especialista señaló que las variedades tempranas destinadas a pasas y consumo en fresco estuvieron más expuestas durante la última helada de septiembre. Las utilizadas para vino y mosto recién comenzaban a brotar y tuvieron mayores posibilidades de escapar al fenómeno. Aun en esos casos, aclaró que resta evaluar posibles daños internos: una menor exposición inicial no equivale a una comprobación definitiva de ausencia de perjuicios.
El almendro muestra con claridad la importancia de esa diferencia. Algunas variedades florecen hacia fines de agosto y pueden llegar a los primeros días de septiembre en una etapa especialmente sensible. Según explicó Albors, la intensidad de una helada en ese momento puede comprometer incluso toda la cosecha anual de una producción. Se trata del alcance posible del daño, no de una estimación nueva de pérdidas para el conjunto de la provincia.
Las heladas tardías reciben ese nombre porque ocurren después del período en el que se concentra la mayor cantidad de episodios, principalmente junio y julio. Pueden aparecer en agosto, septiembre e incluso octubre y coincidir con la brotación o la floración. El investigador remarcó además su carácter local: las condiciones del suelo, las plantas y la ubicación de cada cultivo influyen en el riesgo. Por eso, el diagnóstico de una finca no puede trasladarse automáticamente a otra.
El seguimiento de los pronósticos permite prepararse, pero la protección tampoco tiene una receta universal. En la entrevista publicada por Info U en https://info.unsj.edu.ar/home/noticias_detalles/10781/2 se mencionan las alertas del Servicio Meteorológico Nacional y los servicios gratuitos del INTA y de universidades. Anticipar la posibilidad de temperaturas bajo cero da margen para organizar una respuesta adecuada a cada producción.
Entre las medidas activas enumeró calefactores, riego por aspersión y ventiladores de gran tamaño que mezclan masas de aire. Son alternativas que requieren inversión y deben evaluarse según las características del cultivo y su rentabilidad. El punto económico forma parte de la decisión: incorporar una tecnología de protección exige considerar si el rendimiento, la calidad y los ingresos esperados permiten amortizarla.
Las medidas pasivas empiezan antes de plantar, con la elección del lugar y de variedades de brotación más tardía. En cultivos ya establecidos, el riego previo puede ayudar porque el suelo húmedo acumula calor durante el día y lo libera gradualmente por la noche. La explicación del especialista pone el foco en combinar información meteorológica y planificación agronómica, sin confundir una medida de reducción del riesgo con una garantía de que no habrá daños.




