El Grupo de los Siete acordó liberar hasta 100 millones de barriles de petróleo crudo y productos refinados durante cuatro meses, con una primera entrega concentrada en diésel. La decisión fue anunciada el viernes 2 de octubre después de una videoconferencia convocada por el presidente francés, Emmanuel Macron. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) coordinará la operación, orientada a aliviar las dificultades de abastecimiento y la presión sobre los combustibles.

La declaración conjunta establece que el despliegue debe comenzar de inmediato y que los miembros del G7 y sus socios adelantarán una cantidad importante de diésel durante los primeros veinte días. No precisa cuántos barriles corresponderán a esa fase inicial ni detalla el aporte individual de cada país. También prevé nuevas conversaciones en el ámbito de la AIE durante los próximos días para evaluar entregas adicionales de ese combustible si resultan necesarias.

El anuncio incluye otras dos medidas sobre la oferta. Los gobiernos coordinarán los calendarios de mantenimiento de sus refinerías para evitar que varias capacidades de procesamiento queden fuera de servicio al mismo tiempo. Además, procurarán elevar temporalmente el uso de esas instalaciones cuando sea posible y buscarán colaboración con otros países que cuentan con una industria de refinación importante. El foco específico en el diésel responde a las tensiones que el comunicado identifica en ese segmento.

Los participantes también se comprometieron a no imponer restricciones a las exportaciones de energía y productos energéticos entre países del grupo. El G7 reúne a Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido, con participación de la Unión Europea. Francia ejerce la presidencia rotativa durante 2026. El Elíseo informó que las decisiones fueron unánimes y que en el encuentro participó el director ejecutivo de la AIE.

Hay un punto que requiere cautela al interpretar la cifra principal: el texto vincula la liberación con compromisos asumidos en marzo y toma en cuenta las obligaciones ya cumplidas. Por eso, no corresponde presentar los 100 millones de barriles como un volumen enteramente adicional a todos los anuncios anteriores. La cobertura de Associated Press recogió esa misma incertidumbre entre analistas del mercado. El documento tampoco ofrece una baja garantizada del precio que finalmente paga cada consumidor.

Las reservas de emergencia permiten poner existencias almacenadas en el mercado cuando hay interrupciones graves del suministro. Según la explicación institucional de la AIE, pueden combinar petróleo crudo y combustibles ya refinados, y estar en manos estatales, de agencias especializadas o de empresas sujetas a obligaciones de almacenamiento. El organismo señala que su mecanismo busca amortiguar faltantes de corto plazo, antes que administrar la oferta de forma permanente.

La diferencia entre ambos tipos de reserva importa para la velocidad de respuesta. El crudo todavía necesita procesamiento, mientras que los productos terminados pueden distribuirse con mayor rapidez en determinadas emergencias. La AIE recomienda mantener una proporción de estos últimos y asegurar que puedan retirarse y transportarse oportunamente. Por ese motivo, el calendario del acuerdo distingue una intervención temprana sobre el diésel del programa total de cuatro meses.

El seguimiento también quedó formalizado. El G7 pidió a la AIE un informe antes de veinte días para evaluar los efectos sobre la seguridad energética y la estabilidad del mercado, verificar la ejecución y proponer mejoras, incluida la reposición de reservas. Macron, por su parte, planteó que Francia vigilará si una eventual reducción de los precios internacionales llega a los surtidores. Ese traslado será un resultado a comprobar durante la implementación, no una consecuencia ya asegurada por el anuncio.