La tasa de empleo de la OCDE alcanzó el 70,4% de la población de entre 15 y 64 años en el segundo trimestre de 2026, el nivel más alto de la serie presentada por el organismo. La participación laboral llegó al 74,2%. Sin embargo, detrás de esos máximos hubo variaciones pequeñas: ambos indicadores aumentaron como máximo una décima de punto frente al trimestre anterior y permanecieron prácticamente estables respecto del mismo período de 2025.
El informe, publicado el jueves 15 de octubre, combina esas cifras trimestrales con datos más recientes de desocupación. En agosto, el desempleo del conjunto de la organización se ubicó en 5%, apenas dos décimas de punto por encima del mínimo registrado en junio de 2023. La lectura general es de estabilidad, aunque las diferencias entre países y grupos de edad impiden trasladar ese resultado a todos los trabajadores por igual.
Los indicadores miden aspectos distintos. La tasa de empleo expresa cuántas personas trabajan dentro de la población del grupo considerado. La participación incluye tanto a quienes están ocupados como a quienes están desempleados y forman parte de la fuerza laboral. La tasa de desocupación, en cambio, utiliza como base esa fuerza laboral, no toda la población. La metodología de la OCDE considera desempleadas a las personas sin trabajo que están disponibles para trabajar y han realizado acciones para buscarlo.
La distancia entre países siguió siendo amplia. Turquía registró una tasa de empleo del 54,8% en el segundo trimestre, mientras que Islandia, Japón y Países Bajos superaron el 80%. Colombia y Portugal tuvieron las mayores subas interanuales, de 1,5 y 1,3 puntos porcentuales, respectivamente. Según el informe, en ambos casos se combinaron una mayor participación en el mercado laboral y una reducción de la desocupación. Esas variaciones se comparan con el segundo trimestre de 2025, no con el mes anterior.
En el otro extremo, Islandia y Finlandia anotaron las mayores caídas interanuales de la tasa de empleo: 3,3 y 1,1 puntos porcentuales. La OCDE las relacionó principalmente con el aumento del desempleo. En Israel y Luxemburgo, donde los retrocesos fueron más acotados, pesó sobre todo la reducción de la participación laboral. Así, un país puede seguir exhibiendo una proporción elevada de personas ocupadas y, al mismo tiempo, mostrar un deterioro frente a su propio registro del año anterior.
El desglose por sexo y edad también mostró movimientos desiguales. Entre las mujeres, las tasas de empleo y participación aumentaron dos décimas de punto respecto del primer trimestre, mientras que las de los varones casi no cambiaron. En el grupo de 55 a 64 años, el empleo creció cuatro décimas y la participación dos décimas. Para las personas de 25 a 54 años y para las de 15 a 24, los dos indicadores se mantuvieron, en términos generales, estables.
Los datos mensuales muestran una señal diferente para los jóvenes. Su tasa de desempleo pasó del 11% en julio al 11,3% en agosto, con lo que se amplió la distancia respecto de los trabajadores de 25 años o más. En ese mismo mes, la desocupación prácticamente no cambió en veinte países de la OCDE. Subió en siete, especialmente en Colombia, y bajó en Dinamarca, Finlandia, Grecia, Israel y Turquía.
La Unión Europea tuvo un desempleo del 6,1% y la zona del euro, del 6,4% en agosto, ambos casi sin cambios mensuales. Las estimaciones más adelantadas, correspondientes a septiembre, situaron a Canadá en 6,5% y a Estados Unidos en 4,2%, también con estabilidad general. Son períodos de referencia diferentes: el comunicado de octubre reúne el empleo del segundo trimestre, el desempleo de agosto y esos últimos datos disponibles de septiembre, con ajustes estacionales para facilitar las comparaciones.




