Los históricos Palm Houses del Real Jardín Botánico de Edimburgo reabrieron al público este viernes 2 de octubre, después de cinco años de restauración. El regreso de los visitantes marca una nueva etapa del programa Edinburgh Biomes, que combina la recuperación de edificios patrimoniales con la conservación de plantas. La apertura comprende los dos invernaderos de palmeras y no implica que hayan terminado todas las obras del jardín escocés.

La intervención buscó resolver el deterioro del hierro, el vidrio y la piedra arenisca, materiales que sostienen estas construcciones del siglo XIX. Según el jardín, se reemplazaron más de cinco mil paños de vidrio fabricados a medida y se realizaron reparaciones sobre 600 metros cuadrados de estructura metálica. También se incorporaron sistemas de control ambiental para ofrecer condiciones más estables a la colección, manteniendo el carácter arquitectónico de los edificios protegidos.

El conjunto reúne dos momentos de la historia de la institución. El invernadero más antiguo, de planta octagonal, fue construido en 1834, poco después del traslado del jardín a Inverleith. Cuando los árboles comenzaron a superar el espacio disponible, se impulsó una segunda construcción. Diseñada por Robert Matheson y terminada en 1858, incorporó una fachada de inspiración toscana y una cubierta curva de hierro y vidrio. Esa convivencia entre arquitectura y crecimiento vegetal sigue definiendo el lugar.

La protección de las plantas exigió una operación previa a los trabajos edilicios. El equipo de horticultura retiró unos 800 ejemplares, que en su mayoría fueron alojados temporalmente en otros invernaderos del predio. El plan de replantación contempló el regreso de alrededor de 600, entre ellos especies amenazadas en su ambiente natural. Una de las piezas destacadas es una palmera Trachycarpus princeps de más de ocho metros, cuyo traslado requirió una preparación específica por su tamaño.

El retorno se organizó por etapas. En un relato técnico publicado en septiembre, el horticultor Kevin Bannon explicó que la primera fase se concentró en 71 palmeras y helechos arborescentes de gran porte. El movimiento comenzó en diciembre de 2025, antes de completar las terminaciones del suelo. Para permitir el paso de maquinaria sin dañar la nueva infraestructura, se instaló una superficie provisoria con quince placas de acero y más de sesenta tablones gruesos de madera.

Las restricciones propias de un edificio patrimonial condicionaron la maniobra. Las entradas no podían ampliarse libremente y varios ejemplares debieron trasladarse en posición horizontal. Dentro del invernadero octagonal, los pilares y el reducido espacio para girar obligaron a coordinar cuidadosamente excavadoras y equipos de elevación. Esa primera gran etapa de plantación se completó en 27 días; después continuaron los ajustes del terreno y la incorporación de plantas más pequeñas.

La restauración también cambió la forma de recorrer el conjunto. Al retirar la división central, los dos invernaderos volvieron a funcionar como un espacio continuo, con nuevas perspectivas sobre sus cúpulas y plantaciones. La colección combina palmeras, helechos y otros grupos de interés para la investigación botánica. Entre sus medidas de manejo, el jardín informó la introducción de unas mil vaquitas de San Antonio para ayudar a proteger las plantas de otros insectos.

La nueva colección conserva, además, una continuidad singular: una joven palmera obtenida de semillas de un ejemplar que había permanecido cerca de dos siglos en el jardín. Durante mucho tiempo se lo identificó como Sabal bermudana; investigaciones posteriores indicaron que probablemente pertenecía a Sabal mexicana. Su descendiente ocupa ahora el espacio restaurado y enlaza la colección actual con aquella etapa histórica.

El acceso a los Palm Houses se organiza mediante turnos diarios, mientras siguen cerrados al público los invernaderos del sector Front Range, donde continúan las tareas de restauración. Así, la reapertura devuelve una parte central del patrimonio botánico de Edimburgo a los visitantes, dentro de un programa de recuperación que todavía tiene trabajos por delante.