Una campaña internacional desplegará cuatro embarcaciones sin tripulación alrededor de la Antártida para medir cuánto dióxido de carbono intercambian el océano y la atmósfera. El proyecto COCO2 tendrá una duración de cinco años y combinará observaciones directas con modelos que ayudarán a decidir dónde recoger nuevos datos. La NOAA difundió este 13 de octubre detalles del operativo, cuyo primer vehículo comenzó su recorrido desde Hobart, en Tasmania, durante septiembre.

El propósito es cubrir un vacío de información sobre el océano Austral, especialmente durante el invierno. La región tiene un papel importante en el almacenamiento de carbono, pero sus grandes distancias y condiciones de navegación dificultan el trabajo continuo de buques científicos. Según las estimaciones citadas por los organismos participantes, concentra alrededor del 40% de la absorción de dióxido de carbono del océano global. Esa proporción corresponde al conjunto de los océanos, no al total de las emisiones mundiales.

Los vehículos son Saildrone Explorer, plataformas de superficie impulsadas por el viento que utilizan energía solar para sus sistemas de a bordo. Pueden permanecer durante meses en aguas remotas y transmitir información casi en tiempo real. La NOAA indicó que el primero partió el 19 de septiembre; el despliegue de las otras unidades será escalonado. La flota buscará mantener observaciones en distintos sectores del océano alrededor del continente antártico.

Cada embarcación lleva instrumentos para medir directamente el intercambio de dióxido de carbono entre el aire y el agua. A esos registros se suman la velocidad y dirección del viento, la presión atmosférica, la radiación solar, la humedad y la temperatura del aire. Bajo la superficie se observan, entre otras variables, la temperatura, la salinidad y el oxígeno disuelto. La combinación permite estudiar los procesos que explican cambios en la absorción o liberación de carbono.

La estrategia no consiste en repetir una ruta rígida durante cinco años. Los investigadores usarán modelos y herramientas de inteligencia artificial para orientar los recorridos hacia áreas donde la información sea especialmente valiosa. Galen McKinley, de la Universidad de Columbia, explicó que el diseño permite ajustar la recolección a medida que avanza el proyecto. Las embarcaciones regresarán a Hobart después de completar sus vueltas para recibir mantenimiento y reemplazar sensores antes de volver al mar.

Hay un antecedente que respalda la viabilidad de esa tarea. En 2019, un Saildrone completó una circunnavegación de la Antártida de 196 días. La misión mostró que la plataforma podía sobrevivir y recoger datos en condiciones muy exigentes. También registró que, durante el invierno, el ascenso de aguas profundas ricas en dióxido de carbono podía favorecer su liberación a la atmósfera, en lugar de su absorción. Ese comportamiento es una de las razones para ampliar las mediciones durante todo el año.

El proyecto reúne a la NOAA, la agencia científica australiana CSIRO, la Universidad de Columbia y la Universidad de Washington, junto con investigadores sudafricanos del CSIR y su observatorio del carbono del océano Austral. Cuenta con financiamiento de Schmidt Sciences, a través de su instituto virtual dedicado al ciclo del carbono. La empresa Saildrone aporta las plataformas, mientras que los equipos científicos definen y analizan las observaciones.

Los datos llegarán al laboratorio marino de la NOAA y también se distribuirán a usuarios científicos y al sistema mundial de telecomunicaciones de la Organización Meteorológica Mundial, utilizado por modelos del tiempo. CSIRO informó que los resultados contribuirán al Global Carbon Budget, que sigue las emisiones y los sumideros de carbono. La campaña todavía está en marcha: su aporte será reducir la incertidumbre de esas estimaciones con mediciones sostenidas en una región difícil de observar.