El Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera llegó este miércoles a sus 18 años con una comunidad de 60 personas y una agenda que conecta las ciencias del ambiente con necesidades de San Juan. El CIGEOBIO, de doble dependencia de la UNSJ y el CONICET, informó que reúne a 23 investigadores, 21 becarios, 13 integrantes del personal de apoyo y tres administrativos. Su director, Carlos Borghi, repasó en la víspera los proyectos en marcha y el vínculo del instituto con la provincia.
El recorrido comenzó en 2008, cuando el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales aprobó su creación. En 2011, el CONICET avanzó con la aprobación y evaluación del proyecto como unidad de doble dependencia. La diferencia entre ambas fechas permite ubicar el aniversario en el origen universitario del centro, anterior a su consolidación dentro del organismo nacional. Actualmente funciona en el Complejo Universitario Islas Malvinas, en Rivadavia.
La investigación reúne geología, geofísica y biología, junto con otras especialidades vinculadas al ambiente. En la entrevista difundida el 6 de octubre por la institución, Borghi estimó que cerca del 80% del trabajo tiene un carácter aplicado y el 20% restante corresponde a investigación teórica. Son proporciones informadas por el director para describir el perfil del instituto, cuyo propósito incluye transferir conocimientos al ámbito social y productivo.
Uno de los trabajos actuales es la elaboración de una línea de base del Parque Natural Valle Fértil, que abarca el departamento y sectores de otros distritos. Borghi también señaló que un equipo participa con la Provincia en la actualización de las categorías de conservación de los bosques sanjuaninos y en su cartografía. Ambos proyectos requieren relevar y ordenar información territorial para que pueda utilizarse en decisiones de gestión y conservación.
El director anticipó además que está próxima a firmarse un acta complementaria para estudiar los atropellos de fauna en rutas. Esa línea, conocida como ecología de rutas, analiza la relación entre infraestructura vial y animales silvestres. La iniciativa fue presentada como un acuerdo pendiente de formalización. Su objetivo anunciado es reducir impactos sobre las especies y riesgos asociados a la circulación, sin que la comunicación informe todavía un calendario de relevamientos o resultados de esa nueva etapa.
El abanico de investigaciones es más amplio. La reseña del aniversario incluye conservación de biodiversidad y bosques de zonas áridas, reconstrucciones del clima pasado mediante dendrocronología, paleontología y paleobotánica de Ischigualasto, sismotectónica y geotermia del Valle del Tulum. También menciona estudios de remoción en masa, sedimentología y servicios ecosistémicos urbanos. Esa diversidad explica la convivencia de equipos que trabajan en diferentes escalas temporales y sobre componentes distintos de un mismo territorio.
La formación es otra parte del funcionamiento cotidiano. El centro recibe estudiantes de doctorado que desarrollan sus trabajos con investigadores y canaliza tesis de grado de carreras de Exactas. Borghi destacó que la producción científica, los informes y los libros se difunden públicamente. La institución cuenta además con una Infraestructura de Datos Espaciales, actualmente en proceso de actualización, como vía para compartir información geográfica con otros usuarios.
Entre las necesidades pendientes aparece una sede propia. Según explicó el director, se presentaron al menos dos proyectos edilicios que no se concretaron y el instituto continúa funcionando en el tercer piso de Exactas. El balance de los 18 años combina, así, capacidades científicas consolidadas con desafíos de infraestructura. La agenda inmediata mantiene el trabajo sobre recursos naturales, formación de investigadores y cooperación con organismos provinciales, con resultados que deberán evaluarse en cada proyecto.




