Australia mostró este miércoles una nueva versión de Roo-ver, el vehículo con el que busca llegar por primera vez a la Luna en 2030. La presentación se realizó en el laboratorio de pruebas lunares de la Universidad Tecnológica de Queensland, durante la Semana Mundial del Espacio. El modelo permite observar la escala y el diseño de un proyecto que todavía atraviesa ensayos y ajustes antes de construir su configuración definitiva.
La Agencia Espacial Australiana explicó que se trata de uno de varios prototipos y modelos de desarrollo utilizados para probar soluciones, aprender de los resultados y perfeccionar el vehículo. El programa reúne al organismo, empresas y universidades. La presentación del 7 de octubre es un nuevo paso de ese proceso; no equivale a mostrar un equipo que ya haya completado su preparación para volar.
El destino previsto es la región del polo sur lunar. Roo-ver viajará dentro de una misión del programa de Servicios Comerciales de Carga Lunar de la NASA y será operado desde Australia. La agencia estadounidense seleccionó a Intuitive Machines para realizar el alunizaje en 2030. El vehículo llevará un instrumento de la NASA destinado a analizar el suelo lunar, conocido como regolito, y aportar información para futuras actividades científicas y de exploración.
Una parte del desarrollo se apoya en la experiencia australiana de operación remota vinculada con el sector de los recursos naturales. Trasladar esa capacidad a otro mundo exige resolver problemas que no aparecen de la misma manera en la Tierra. Entre las tecnologías que la agencia destaca están el control de temperatura, la protección frente al polvo y la radiación, y ruedas con relieves exteriores para mejorar la tracción sobre un terreno suelto.
La Universidad de Melbourne trabaja en el sistema térmico. Sus investigadores deben evacuar el calor generado por los equipos internos y, a la vez, aislarlos de las condiciones exteriores. La agencia señala que las temperaturas lunares pueden ir de −246 a 121 grados Celsius. El equipo toma como antecedente a SpIRIT, un pequeño satélite lanzado en 2023 que incorporó un sistema compacto de gestión térmica. El viaje y la circulación sobre la superficie presentan exigencias más variables que aquella experiencia orbital.
En Swinburne, otro grupo estudia cómo limitar el efecto del polvo lunar, cuyas partículas son abrasivas y tienden a adherirse a las superficies. Las líneas de trabajo incluyen recubrimientos y sistemas electrostáticos para impedir su acumulación. También se investiga la protección de los componentes electrónicos frente a la radiación. Los especialistas evalúan la ubicación de los equipos y el comportamiento de los materiales, porque añadir blindaje no siempre reduce todos los efectos de las partículas que llegan del espacio.
La movilidad se ensaya en las instalaciones CRATER de la Universidad de Adelaide. Allí se combinan materiales que imitan el regolito con un sistema de cables que reduce el peso del prototipo sobre el suelo para simular la gravedad lunar. Una campaña de dos semanas realizada en agosto permitió estudiar pendientes, giros y obstáculos. Según el balance publicado en septiembre, el vehículo superó rocas de 100 milímetros, pero quedó detenido sobre algunas de 120 milímetros.
Esos resultados sirven para ajustar tanto el diseño como la futura forma de conducirlo: reconocer obstáculos y evitarlos será parte de la operación. Los equipos prevén incorporar las conclusiones a nuevos prototipos durante 2027 y volver a probar las mejoras. La nueva presentación acerca el proyecto al público mientras continúa ese trabajo técnico, con el viaje de 2030 como objetivo y las pruebas terrestres como paso indispensable.




