La fusión de Anglo American y Teck todavía espera la autorización de China, en un escenario en el que el control sobre el suministro de minerales pesa cada vez más en las decisiones regulatorias. Duncan Wanblad, director ejecutivo de Anglo, planteó esa dificultad el 7 de octubre durante una intervención por video en una conferencia minera en Johannesburgo. La operación está valuada en US$54.000 millones y las compañías mantienen la expectativa de completarla para marzo de 2027.

Según la cobertura de Reuters, el acuerdo ya obtuvo las aprobaciones de los demás países involucrados. Wanblad vinculó la complejidad del trámite con la fragmentación de las cadenas de abastecimiento y la competencia por materiales estratégicos. Su exposición puso el foco en un problema que atraviesa al sector: además de reunir activos y accionistas, las grandes operaciones deben responder a las prioridades industriales de distintos gobiernos.

El directivo citó otro negocio pendiente de Anglo: la venta de sus activos de níquel en Brasil a MMG, por US$500 millones. De acuerdo con Miningmx, el proceso ingresó en su segundo año y recibió objeciones formales de la Comisión Europea. La experiencia del níquel fue su ejemplo para explicar por qué las revisiones demandan más tiempo. En el caso de Teck, los accionistas de ambas compañías ya habían aprobado la combinación en diciembre de 2025; ahora resta completar la etapa regulatoria.

El proyecto Anglo Teck fue anunciado el 9 de septiembre de 2025 como una fusión entre iguales mediante un intercambio de acciones. El acuerdo inicial estableció 1,3301 acciones de Anglo por cada acción de Teck. Los accionistas de Anglo tendrían aproximadamente el 62,4% de la empresa combinada y los de Teck, el 37,6%. La estructura busca reunir negocios de cobre, mineral de hierro y zinc, con una exposición al cobre que las empresas estimaron superior al 70%.

La escala sudamericana es central en esa propuesta. La cartera presentada incluye operaciones como Los Bronces, Collahuasi y Quebrada Blanca, en Chile, junto con Quellaveco y Antamina, en Perú, y Highland Valley Copper, en Canadá. Entre las oportunidades identificadas aparece la coordinación de Collahuasi y Quebrada Blanca, dos yacimientos vecinos. Aprovechar esa cercanía requiere acuerdos con los socios y trabajo de integración: figura como una posibilidad futura de creación de valor, no como un resultado ya obtenido.

Mientras esperan el cierre, las compañías avanzaron en la definición de la conducción. El 30 de julio anunciaron que Wanblad sería el director ejecutivo de Anglo Teck y Jonathan Price, actual responsable de Teck, sería director ejecutivo adjunto y responsable de Estrategia. John Heasley quedaría al frente de Finanzas. La sede global estaría en Vancouver, con oficinas corporativas de apoyo en Londres y Johannesburgo. Los cargos actuales continúan vigentes hasta que se complete la transacción.

Ese mismo anuncio ratificó una meta de sinergias anuales antes de impuestos de unos US$800 millones al terminar el cuarto año posterior al cierre. Las empresas esperan alcanzar aproximadamente el 80% de ese ritmo anual al finalizar el segundo año. Son estimaciones empresariales asociadas a economías de escala y mejoras operativas y comerciales; dependen de concretar la fusión y ejecutar la integración. Los nuevos nombramientos también quedaron expresamente sujetos a la finalización del acuerdo.

Otro paso preparatorio llegó en agosto. Teck informó que los tenedores de la mayoría del capital de seis series de bonos aceptaron modificaciones contractuales para alinearlas con disposiciones de la deuda de Anglo. La consulta terminó el 11 de agosto. El comunicado distinguió ese consentimiento de la aprobación de la fusión: ni el cierre era condición para la validez de las conformidades, ni esas consultas constituían una condición para completar la operación. El calendario corporativo sigue condicionado por las autorizaciones regulatorias pendientes.