La XI Semana de la Energía terminó el viernes 9 de octubre en Santo Domingo con un llamado a profundizar la integración energética de América Latina y el Caribe. Ministros y representantes de 27 países participaron en el encuentro, que vinculó la seguridad del abastecimiento con la modernización de redes y una mayor coordinación entre mercados. El cierre dejó también un cambio institucional: Bolivia recibió de Belice la presidencia de la reunión ministerial para el período 2026–2027.

El secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía, Olacde, Andrés Rebolledo, explicó a EFE que la complementariedad de los recursos regionales ofrece una oportunidad para mejorar la resiliencia y la competitividad. El balance difundido tras el encuentro subraya tres líneas de trabajo: ampliar infraestructura de conexión, avanzar en reglas compatibles entre países y desarrollar mercados con una integración mayor. Son objetivos de cooperación que requieren decisiones técnicas, regulatorias y de inversión para concretarse.

La reunión de ministros, en su edición número 56, se celebró el jueves y el viernes dentro de la agenda general. Allí se abordaron la transformación de los mercados eléctricos, la diversificación de fuentes de generación y la necesidad de actualizar redes. Olacde funciona como un organismo intergubernamental de cooperación y asesoramiento técnico desde 1973. Su papel consiste en facilitar acuerdos y capacidades regionales, mientras que las decisiones sobre cada sistema energético involucran a las autoridades y operadores correspondientes.

La cita se desarrolló del 6 al 9 de octubre en el hotel El Embajador, con organización de Olacde y el Ministerio de Energía y Minas dominicano. El programa anunciado por el gobierno anfitrión se estructuró en torno a seguridad del suministro, electrificación rural y urbana, integración regional y financiamiento. La convocatoria incluía gobiernos, empresas, especialistas, entidades financieras y organismos multilaterales. La imagen de archivo muestra a Rebolledo con Rafael Mariano Grossi en Viena, en junio de 2024: es una fotografía de Dean Calma para IAEA, titulada “Rafael Mariano Grossi meeting Andres Rebolledo (01913721)” y publicada bajo licencia CC BY 2.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/).

Dentro de las iniciativas discutidas figura el Plan de Acción de Cooperación Energética 2026–2028 entre Olacde y la Unión Europea, presentado durante la semana. La organización lo encuadra en el memorando firmado en mayo de 2025. La propuesta combina intercambio de experiencia europea en mercados eléctricos, regulación y conexiones transfronterizas con el trabajo de coordinación de los 27 países miembros latinoamericanos y caribeños. Su foco está en preparar proyectos y fortalecer capacidades para desarrollarlos.

En electricidad, el plan contempla apoyar iniciativas prioritarias de interconexión, realizar estudios de prefactibilidad y ayudar a estructurar proyectos con distintos grados de avance. También prevé revisar periódicamente el Plan Regional de Interconexión Eléctrica de Olacde. La preparación técnica es una etapa previa: permite estudiar alternativas y condiciones de una iniciativa, pero no equivale a que una obra tenga financiamiento cerrado, contratos adjudicados o una fecha asegurada de entrada en operación.

La agenda bilateral incluye además diálogo técnico sobre integración gasífera, talleres para intercambiar métodos de planificación energética y encuentros entre reguladores y operadores de transmisión. Esa dimensión institucional acompaña la infraestructura física. Conectar sistemas requiere acordar cómo operan, qué responsabilidades asume cada participante y qué condiciones permiten sostener los intercambios. El cierre de Santo Domingo dejó esos asuntos dentro de una agenda compartida cuyo horizonte de cooperación se extiende hasta 2028.

Para la región, el próximo paso será convertir las prioridades políticas en estudios y proyectos evaluables. Los documentos difundidos describen áreas de asistencia y coordinación, sin presentar en este balance un monto único de inversión comprometida para todas las iniciativas. El avance podrá medirse cuando se identifiquen los proyectos concretos, sus etapas, sus recursos y los acuerdos necesarios para ponerlos en marcha.