El Banco Central del Uruguay elevó el jueves 8 de octubre su tasa de política monetaria del 5,75% al 6% anual, ante el riesgo de que los aumentos de energía y alimentos se vuelvan persistentes y alcancen otros precios. La decisión, adoptada por unanimidad, fue presentada por la autoridad como una medida preventiva. Su presidente, Guillermo Tolosa, explicó que actuar a tiempo puede evitar correcciones posteriores de mayor intensidad y costo para la economía.

El movimiento fue de 25 puntos básicos, equivalentes a un cuarto de punto porcentual. Aunque subió la referencia, el organismo sostuvo que la política monetaria conserva una orientación expansiva. El objetivo declarado sigue siendo que la inflación converja al 4,5% en un horizonte de dos años. Ese plazo importa: la meta no describe el resultado de un mes aislado, sino el nivel al que se intenta encaminar la evolución de los precios.

El último informe del Instituto Nacional de Estadística uruguayo, publicado el 5 de octubre, registró para septiembre un aumento mensual del índice de precios al consumo de 0,54%. La variación acumulada desde enero fue de 4,21% y la de los últimos doce meses llegó a 4,68%. Son tres mediciones con períodos distintos. El 4,7% que emplea el comunicado del banco es el redondeo del dato interanual, no la suba registrada solamente durante septiembre.

Según el análisis del comité, el repunte estuvo asociado a bienes importados, frutas, verduras y combustibles. Las tensiones geopolíticas y los episodios climáticos aparecen como fuentes de incertidumbre porque pueden prolongar esos impactos. El BCU, sin embargo, señaló que no detecta presiones generalizadas: los precios de bienes y servicios no transables, menos expuestos al comercio exterior, mantuvieron estabilidad en los últimos meses.

Las expectativas aportan otra parte del diagnóstico. Para el horizonte de política monetaria, los analistas consultados ubicaron la inflación en 4,55%, los operadores financieros en 4,58% y las empresas en 5%. El promedio de las encuestas fue de 4,71%. El banco consideró que esas respuestas permanecen próximas a su objetivo. Son previsiones de los encuestados, sujetas a cambios, y deben distinguirse de la inflación ya observada por el organismo estadístico.

La suba interrumpe una etapa de estabilidad de la tasa. El registro oficial muestra que el 3 de marzo el BCU había recortado la referencia en 75 puntos básicos, hasta el 5,75%. Después la mantuvo en las reuniones de abril, mayo, julio y agosto. El ajuste de octubre revierte apenas una parte de aquella reducción. Tolosa aclaró, en declaraciones recogidas por la prensa uruguaya y reseñadas este lunes por Infobae, que el cambio no implica necesariamente el comienzo de una secuencia de aumentos.

El mecanismo elegido apunta a las decisiones de financiamiento y ahorro en moneda local. Una tasa de referencia mayor modifica la señal que reciben los mercados y las entidades financieras, aunque los intereses que finalmente pagan personas y empresas también dependen del plazo, el riesgo y las condiciones de cada operación. Por eso, el aumento decidido por el banco no significa que todos los préstamos o depósitos cambien exactamente en la misma proporción ni al mismo tiempo.

El punto central del comunicado es limitar efectos de segunda vuelta: que un encarecimiento inicialmente concentrado termine incorporado a otros precios y a las expectativas. La autoridad reconoce que su instrumento no revierte directamente el costo internacional de la energía ni un problema de oferta de alimentos. La próxima evolución del IPC y de las encuestas permitirá evaluar si esos efectos se absorben o si requieren nuevas decisiones.