Pedro Luis Barcia recibió el lunes 26 de octubre la distinción de Personalidad Emérita de la Cultura. La Secretaría de Cultura de la Nación reconoció su trabajo en la investigación literaria, la enseñanza y la recuperación del patrimonio escrito argentino. La entrega se realizó en la Cúpula del Palacio Libertad, en la ciudad de Buenos Aires, con la participación del secretario Leonardo Cifelli.
Después del homenaje audiovisual y de recibir el reconocimiento, Barcia conversó con la periodista Claudia Peiró sobre su obra y la educación. El intercambio incluyó sus investigaciones sobre San Martín, Leopoldo Marechal y Leopoldo Lugones. Al agradecer, destacó a su familia y a sus maestros y volvió sobre una preocupación central de su trabajo: leer con comprensión y no limitarse a los textos que confirman las propias ideas.
Nacido en Gualeguaychú en 1939, Barcia se formó en la Universidad Nacional de La Plata. Su recorrido reunió la docencia universitaria con la investigación y la edición de obras. La Academia Argentina de Letras registra entre sus campos de especialización la literatura y la cultura hispanoamericanas. Fue profesor de Literatura Argentina, investigador principal del CONICET y director del Instituto de Literatura Argentina e Iberoamericana de la universidad platense.
Una parte de esa producción se concentró en las palabras y los usos locales del idioma. Su bibliografía incluye estudios sobre los diccionarios del español de la Argentina, un diccionario de argentinismos del siglo XIX y el léxico del mate. También dirigió la colección La Academia y la lengua del Pueblo, que reunió vocabularios vinculados con actividades cotidianas, oficios y consumos: el fútbol, el colectivo, la carpintería, el vino y el pan, entre otros. Esos trabajos llevan la investigación lingüística más allá de los textos literarios y hacia las formas concretas del habla.
La relación entre enseñanza y archivo aparece desde sus primeros trabajos. En el discurso con el que lo recibió en la Academia en 2001, Ofelia Kovacci reconstruyó su formación junto a Ángel Battistessa y Juan Carlos Ghiano. Recordó que su doctorado, obtenido en 1974, estuvo dedicado a los Proverbios morales del Rabí Sem Tob. Esa investigación medieval convivió con el estudio de escritores argentinos y latinoamericanos, sin que una línea desplazara a la otra.
Kovacci también describió el trabajo de búsqueda en periódicos porteños que permitió reunir escritos dispersos de Rubén Darío. Los dos tomos aparecieron en 1968 y 1977. La recuperación de materiales poco conocidos volvió a estar presente en Fray Mocho desconocido, de 1979, y en Cuentos desconocidos de Leopoldo Lugones, de 1982. No se trataba únicamente de volver a imprimir obras disponibles: el trabajo incluía localizar documentos y acompañarlos con estudios y notas para facilitar su lectura.
Ese recorrido se extendió a las ediciones de clásicos. Entre ellas figuran textos de Bioy Casares, Beatriz Guido y Marechal, así como las prosas de Rafael Obligado y Enrique Banchs. Barcia también trabajó sobre el vínculo de Shakespeare con la Argentina y sobre la historia de la historiografía literaria nacional. La diversidad de autores muestra la amplitud temporal de una investigación que abarca tanto la literatura colonial como las producciones del siglo XX.
Para quienes quieran acercarse a esa obra, las bibliografías institucionales ofrecen una entrada por distintos intereses: el lenguaje cotidiano, los escritores argentinos o la historia cultural. El reconocimiento del lunes pone nuevamente en circulación ese conjunto de trabajos, construido entre las aulas, las bibliotecas y la edición crítica.




