Robert E. Hall y Michael Woodford ganaron este lunes 12 de octubre el Premio Nobel de Economía 2026 por investigaciones que ayudaron a renovar las herramientas utilizadas para moderar las expansiones y las recesiones. La Real Academia Sueca de Ciencias anunció la decisión en Estocolmo y destacó sus aportes a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica: estudiar cómo las decisiones de familias y empresas terminan influyendo sobre el conjunto de la economía.
Los dos investigadores estadounidenses compartirán en partes iguales una dotación de 12 millones de coronas suecas. Hall está vinculado con la Universidad de Stanford y Woodford con la Universidad de Columbia. El reconocimiento distingue modelos que permiten analizar los efectos de medidas fiscales y monetarias, como los cambios en las tasas de interés o en el presupuesto público, antes de evaluar su capacidad para amortiguar una crisis.
El problema que abordaron tomó especial relevancia durante las crisis petroleras de la década de 1970. La combinación de inflación elevada, desempleo y escaso crecimiento puso en cuestión las herramientas disponibles. Según explicó la Academia, Hall y Woodford contribuyeron a reconstruir los modelos a partir del comportamiento de los agentes económicos, en lugar de apoyarse solamente en relaciones estadísticas entre grandes variables, como producción, precios y consumo.
Una de las contribuciones de Hall fue revisar cómo se estudian las decisiones de consumo. En un trabajo publicado en diciembre de 1978 en Journal of Political Economy, examinó las implicancias de la hipótesis del ciclo de vida y del ingreso permanente. Bajo los supuestos de su modelo, el consumo presente ya incorpora información relevante para decidir el gasto futuro. El análisis contrastó esa idea con datos de Estados Unidos posteriores a la Segunda Guerra Mundial y encontró evidencia favorable a una versión modificada de la hipótesis.
Woodford, por su parte, presentó en 2003 un modelo neokeynesiano que reunió esos avances con una explicación de la formación de precios y del papel de las tasas de interés. La documentación de la Academia lo describe como una herramienta para estudiar qué podría ocurrir con la producción y la inflación ante distintas decisiones. Su utilidad consiste en conectar medidas concretas con las respuestas de consumidores y empresas, que no ajustan todos sus precios de manera inmediata.
En ese enfoque, lo que se espera del futuro también modifica el presente. Si los hogares cambian sus perspectivas de ingresos, pueden revisar sus decisiones de consumo y ahorro. Por eso, la credibilidad y la comunicación de los bancos centrales adquieren importancia: anunciar cómo se prevé actuar influye en las expectativas. La Academia subrayó que estas herramientas pueden adaptarse a las condiciones de distintos países y siguen desarrollándose a medida que cambia la economía.
El premio reúne trayectorias extensas. Hall se doctoró en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en 1967 y trabajó en Berkeley y en el propio MIT antes de llegar a Stanford. Woodford obtuvo su doctorado en el MIT en 1983 y ocupa la cátedra John Bates Clark de Economía Política en Columbia. Su libro Interest and Prices se convirtió en una referencia de su producción académica, mientras que sus investigaciones más recientes incorporan aportes de la psicología cognitiva para examinar las decisiones económicas.
Aunque se lo conoce como Nobel de Economía, su denominación formal es Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. Fue creado en 1968 mediante una donación del banco central sueco, que celebraba su tricentenario, y se entregó por primera vez en 1969. El Riksbank financia la recompensa, pero la elección de los ganadores corresponde a la Real Academia Sueca de Ciencias.




