Un relevamiento del INTA Paraná mostró que los productores ganaderos de las islas necesitan definir sus propios niveles de preparación y salida ante una creciente, en lugar de tomar una única altura del río como referencia para todos los campos. El estudio, difundido el 15 de octubre, comparó establecimientos en Villa Urquiza, las islas de Victoria y una zona cercana a Puerto Gaboto. La planificación anticipada fue identificada como una condición central para organizar el retiro de los animales con margen operativo.

Las diferencias entre los tres casos dependen tanto del terreno como de la logística. La altura de los albardones, la distancia hasta el embarcadero y el acceso a los corrales condicionan cuándo empieza a perderse superficie útil y hasta qué momento es posible cargar hacienda. También intervienen la capacidad de las embarcaciones y la duración de cada recorrido. Por eso, un registro hidrométrico aislado no alcanza para decidir cuánto tiempo puede permanecer un rodeo en una isla.

Matías Martínez, especialista en economía del INTA Paraná, explicó que en el caso analizado de Villa Urquiza la pérdida de superficie comienza alrededor de los 4,30 metros, con una alerta interna ubicada en 4,70 metros, tomando como referencia el hidrómetro de Paraná. Son parámetros del establecimiento estudiado. El informe no los presenta como niveles oficiales para ordenar el retiro de hacienda ni como una regla aplicable al conjunto de las explotaciones de esa localidad.

En el campo relevado en Victoria, la totalidad de la tierra disponible se pierde cuando el puerto de Rosario registra 4,50 metros. Cerca de Puerto Gaboto, en cambio, el albardón permite mantener parte de los animales durante niveles más altos, siempre que dispongan de alimento. Las cifras de Paraná y Rosario remiten a estaciones distintas: no deben compararse como si fueran la misma medición. La propuesta es vincular cada estación de referencia con señales observables dentro del propio campo.

El estudio también dimensionó el trabajo necesario para mover los rodeos. Ernesto Massa, especialista en ganadería de islas, indicó que para retirar 500 animales de Villa Urquiza se calcularon 18 viajes fluviales, con una capacidad de 29 cabezas por traslado, y la intervención de 12 personas durante tres días. Esa estimación muestra por qué no basta con disponer de un barco: el arreo, la carga, la navegación y la recepción deben funcionar de manera coordinada.

Para el caso de Victoria se estimó una ventana operativa de tres a cuatro días. Durante una creciente, la navegación puede pasar de 4,5 a seis horas, lo que reduce la cantidad de traslados posibles dentro del tiempo disponible. La demora de una embarcación o una dificultad para acceder al lugar de carga puede acortar ese margen. El relevamiento pone el foco en prever estas restricciones antes de que el agua impida utilizar corrales o embarcaderos.

El operativo tampoco concluye cuando los animales llegan a tierra firme. El campo receptor necesita agua, alimentación, personal, alojamiento y atención sanitaria durante todo el período de permanencia. A eso se suman el transporte terrestre y la organización del eventual regreso a la isla. La duración de la creciente modifica las necesidades de reservas forrajeras y servicios, de modo que el INTA recomienda establecer acuerdos previos con quienes participarán de cada etapa.

Como medidas de preparación, los técnicos proponen mantener actualizado el inventario por categoría y peso, fijar prioridades de extracción y comprobar la capacidad efectiva de las embarcaciones. También aconsejan coordinar corrales, camiones, personal y establecimientos receptores. Los dos niveles propios, uno de preparación y otro de salida, deben quedar definidos antes de perder accesibilidad. Las decisiones concretas, remarca el informe, tienen que apoyarse en pronósticos oficiales actualizados y en las condiciones verificadas de cada explotación.