El INTA recomendó reforzar el seguimiento sanitario de los perales del Alto Valle ante las condiciones de lluvia y humedad registradas durante esta primavera. En un informe difundido el 15 de octubre, el organismo señaló que su red meteorológica identificó un riesgo severo de infección de sarna en la región. El aviso está dirigido especialmente a los montes con antecedentes de la enfermedad y a las variedades susceptibles, entre ellas Williams y Red Bartlett.

La sarna es causada por el hongo Venturia pyrina y puede afectar hojas, flores y frutos. En las peras provoca lesiones oscuras y deformaciones que deterioran su calidad comercial. La advertencia describe condiciones favorables para la infección; no constituye un balance de daños comprobados en toda la producción de la temporada. Tampoco debe trasladarse a otras regiones frutícolas sin una evaluación de sus propias condiciones ambientales y del estado de cada plantación.

La combinación de factores es importante. No alcanza con conocer los milímetros de lluvia: también intervienen la temperatura y el tiempo durante el cual persiste la humedad. Con los registros de sus estaciones, el INTA Alto Valle elabora boletines fitosanitarios para evaluar lo que ocurre en distintas localidades. Marisa Aluminé Tudela, especialista del organismo, explicó que el relevamiento encontró condiciones de riesgo homogéneas en el Alto Valle, información que permite ajustar las decisiones de manejo.

El momento del cultivo agrega vulnerabilidad. Durante la floración y la caída de pétalos, los tejidos jóvenes son especialmente sensibles. Una infección en esa etapa puede dañar hojas y flores y producir su caída prematura. Jonatán Lago, del INTA Alto Valle, también advirtió sobre Botrytis y Cladosporium: estos hongos pueden permanecer latentes y hacerse visibles después, como podredumbres durante la poscosecha. Por eso, el historial sanitario del lote resulta un antecedente relevante para organizar las revisiones.

Para las variedades sensibles y, en particular, los montes que ya tuvieron sarna, el informe menciona tratamientos con fungicidas sistémicos dentro de las 48 a 96 horas posteriores al inicio de la lluvia. Esa indicación técnica debe ajustarse a las instrucciones de uso del producto y a la evaluación profesional de cada establecimiento. La publicación no establece una receta universal, una dosis única ni una marca comercial que pueda aplicarse indistintamente a todos los casos.

La ausencia de manchas inmediatas tampoco descarta una infección. Según los especialistas, los primeros síntomas pueden demorar entre dos y tres semanas en aparecer, dependiendo de las temperaturas. En función de ese intervalo, recomendaron observar hojas y frutos jóvenes a principios de noviembre. El seguimiento posterior permite comprobar la evolución de los tejidos y detectar problemas que todavía no eran visibles cuando se registraron las lluvias.

La humedad también complica el trabajo dentro de las chacras. Los suelos mojados pueden dificultar la circulación de tractores y el ingreso de equipos necesarios para las tareas sanitarias. Frente a esa limitación, el INTA informó que evalúa aplicaciones de fitosanitarios con drones. Se trata de una alternativa en estudio: su empleo requiere comprobar la calidad de la aplicación, la eficacia del control y el cumplimiento de las recomendaciones técnicas y de la normativa vigente.

Existe un antecedente regional que ayuda a dimensionar la importancia del seguimiento, sin confundir campañas. En su boletín del 20 de marzo de 2026, el INTA informó daños de hasta el 30% de los frutos a cosecha en lotes del Valle Medio que no habían recibido tratamientos y tenían antecedentes de sarna. El mismo boletín aclaraba que en el Alto Valle no se habían reportado síntomas a cosecha. Esos resultados correspondieron a establecimientos y condiciones específicos de la temporada anterior. Para la primavera actual, la recomendación es basar el manejo en los boletines locales, el historial del monte y la inspección de hojas y frutos.