El INTA Corrientes estudia una colección de 65 materiales de pitahaya para determinar cómo se adapta este cultivo a las condiciones del nordeste argentino y qué manejo necesita para producir. El organismo difundió el avance este 13 de octubre, como parte de una línea de investigación sobre frutales que busca ampliar las opciones de los productores de la región. El trabajo incluye la conservación de plantas, su evaluación y el seguimiento de la calidad de los frutos.

La pitahaya, conocida también como fruta del dragón, despierta interés comercial, pero su incorporación a una explotación requiere información local. La Estación Experimental Agropecuaria Corrientes analiza aspectos de propagación, nutrición, riego y sanidad, además del crecimiento de las plantas. El objetivo es identificar materiales que puedan responder a las condiciones de la provincia y establecer pautas para su cultivo, sin trasladar automáticamente resultados obtenidos en otros ambientes.

La ingeniera agrónoma Lourdes Burdyn explicó que la colección reúne 65 accesiones: materiales vegetales conservados para caracterizarlos y evaluarlos. Esa cifra no equivale necesariamente a 65 variedades diferentes. La distinción es importante porque el banco permite estudiar la diversidad disponible, mientras que las diferencias agronómicas y comerciales entre las plantas deben comprobarse mediante observaciones. Los análisis incluyen las etapas del desarrollo, el estado sanitario y las características de la fruta.

La evaluación no se limita a establecer si una planta sobrevive. Para convertirla en una alternativa productiva también hace falta conocer su rendimiento, su respuesta al manejo y los costos que implica obtener fruta de calidad. El INTA señaló que las oportunidades de mercado forman parte de los aspectos a considerar antes de incorporar la especie. La información difundida no incluye una recomendación general de inversión ni una estimación de rentabilidad para productores de Corrientes.

El trabajo correntino se suma a experiencias del organismo en otras provincias, aunque se trata de investigaciones diferentes. En junio, el INTA Jujuy informó que analizaba doce variedades pertenecientes a cuatro especies del género Selenicereus. Allí se estudian materiales de pulpa blanca, roja o fucsia y una pitahaya amarilla, con atención a la biología floral, la polinización y la calidad de los frutos. Ese ensayo aporta contexto sobre las preguntas técnicas que acompañan la expansión del cultivo.

Carina Armella, especialista del INTA Yuto, explicó en aquella presentación que la pitahaya es una cactácea perenne. Su capacidad para tolerar períodos secos no significa que pueda producir en cualquier condición: necesita calor, humedad y luminosidad para florecer y formar frutos. En los ambientes estudiados en Jujuy, esas condiciones se concentran principalmente en primavera y verano. Por eso, la adaptación debe analizarse junto con el calendario productivo de cada lugar.

Otra variable es la compatibilidad de las flores. Hay materiales que necesitan polinización cruzada y otros que pueden formar frutos por sí mismos, con diferencias en la cantidad y el peso de la cosecha. Según la investigación jujeña, esa característica no se identifica solamente al observar una planta. Los ensayos también exploran el uso de iluminación artificial para extender la floración durante parte del otoño, siempre dentro de los límites que imponen las temperaturas.

En Corrientes, la prioridad continúa siendo generar datos propios sobre crecimiento, producción y calidad. La colección de materiales y las pruebas de manejo permitirán comparar respuestas antes de definir recomendaciones. Para los productores interesados, el avance representa una base de información en desarrollo: las posibilidades de diversificación dependerán de la adaptación comprobada, los costos de cada sistema y las condiciones reales de comercialización.