La Sociedad de Chacareros Temporarios y la Universidad Católica de Cuyo trabajan en una campaña para promover el consumo de frutas y verduras en San Juan. La iniciativa vincula visitas de estudiantes al mercado con la elaboración de recetas que se difundirán por redes sociales. El objetivo comercial es recuperar compradores en un sector que advierte sobre la caída de la demanda.

Sergio López, presidente de la entidad, explicó a Tiempo de San Juan que los alumnos recorren los puestos, conversan con los productores y seleccionan alimentos para distintas preparaciones. Las propuestas incluyen ensaladas con productos de temporada y su difusión mediante videos o transmisiones. También planteó la intención de incorporar al Gobierno para llegar a escuelas y hospitales, una extensión que todavía no fue presentada como acordada.

En esa entrevista, publicada el sábado 24 de octubre, López estimó una caída del consumo de entre el 40% y el 50% durante el último año. Es una evaluación del dirigente: la publicación no acompaña una serie estadística que permita precisar su metodología.

El problema de las ventas tiene antecedentes anteriores a esta alianza. En marzo, la misma institución había informado una disminución de entre el 20% y el 30% para febrero de 2026 frente a febrero de 2025. Aquel registro comparaba dos meses concretos de años distintos; no corresponde sumarlo a la estimación difundida ahora ni tratar ambos porcentajes como una misma medición.

Entonces, López describía un cambio en la forma de abastecerse: clientes que dejaban de comprar para toda la semana y elegían cantidades para consumir en el día. La reducción de desperdicios aparecía como parte de esa conducta, junto con el menor poder adquisitivo que el sector señalaba como un límite para la demanda.

La entidad ya utilizaba sus redes para mostrar productos y ofertas del Mercado Concentrador de Rawson. En ese momento también advertía que aumentar el precio de cultivos afectados por el clima, como tomate y pimiento, podía dejar mercadería sin vender. El desafío era comercializar una producción perecedera sin que el ajuste de precios alejara todavía más a los compradores. La campaña digital, por lo tanto, no comienza desde cero.

Una entrevista publicada este sábado por Diario de Cuyo aporta otra dimensión del problema: los costos dentro de las fincas. José, productor de Finca Don Pepe, en Médano de Oro, describió una venta de lechuga a $2.500 por jaula de 18 plantas frente a unos $2.000 necesarios para producir la siguiente. La diferencia de $500 corresponde a su ejemplo particular, no a una rentabilidad promedio de toda la horticultura provincial.

El productor señaló que una hectárea de lechuga le demanda más de $2 millones hasta la cosecha, entre fertilización, protección de las plantas y tareas de mantenimiento. También explicó que varios insumos tienen sus precios vinculados al dólar. Esos costos se combinan con dificultades para conseguir trabajadores y con los riesgos propios de una producción expuesta al clima.

La finca familiar tiene 14 hectáreas y combina lechuga con otros cultivos. El establecimiento pertenece a su familia desde hace cuatro generaciones. Tras las heladas de septiembre, José describió pérdidas en alrededor de una hectárea de zapallo y calabaza, una cosecha demorada al menos dos semanas y trabajo de replante. Su caso muestra por qué recuperar ventas es sólo una parte de la situación que enfrentan los productores.